Iglesia Saint-Pierre de Besanceuil, situada en Bonnay-Saint-Ythaire en Saône-et-Loire, es un edificio religioso románico construido en el 3er trimestre del siglo XI. Representa la arquitectura eclesiástica medieval de Borgoña, con una estructura típica: una nave de techo, una franja de coro coronada por una cúpula sobre troncos, y un ábside semicircular abovedado en cul-de-four. Un porche de marco y una capilla lateral (added later) completan el conjunto. El edificio, todavía dedicado al culto católico, se encuentra bajo la Diócesis de Autun y la parroquia de San Agustín en Clunis del Norte.
En 1827-1828, el arquitecto Roch realizó una restauración importante: reparación de la estructura, extensión del suelo del precursor, modificación de las bahías, instalación de un techo de madera y mesa de comunión. Estas obras transforman parcialmente el aspecto interno preservando los elementos originales de la novela. La iglesia se clasifica como monumento histórico por orden del 13 de mayo de 1950, reconociendo su valor patrimonial.
La descripción arquitectónica revela detalles notables, como la cúpula en troncos — técnica rara en Borgoña por este tiempo— y la cuna completa de la capilla del sur. El sitio, propiedad del municipio, sigue siendo un lugar activo de culto y un ejemplo preservado del arte románico rural. Fuentes como la base de Mérimée o el sitio de Clochers de France documentan su historia, mientras que las visitas permiten observar su interior, marcado por las restauraciones del siglo XIX.
El contexto histórico local subraya la importancia de las iglesias románicas en la organización religiosa y social de la Edad Media de Borgoña. Estos edificios sirvieron como centros espirituales, pero también como lugares de reunión para las comunidades rurales a menudo. La región, bajo la influencia de Cluny Abbey, vio el desarrollo de una densa red de iglesias en los siglos XI y XII, de la cual Besanceuil es un ejemplo modesto pero representativo.
Los cambios del siglo XIX, aunque polémicos por su impacto en la autenticidad medieval, reflejan el deseo de preservar y adaptarse a las necesidades litúrgicas modernas. La inscripción a los monumentos históricos en 1950 consagra esta dualidad entre el patrimonio románico y las transformaciones posteriores, garantizando al mismo tiempo la protección del edificio para las generaciones futuras.