Un descubrimiento fortuito 1851 (≈ 1851)
Primera mención de dolmen en Caranda.
1872
Búsquedas de la Sociedad Histórica
Búsquedas de la Sociedad Histórica 1872 (≈ 1872)
Primera campaña arqueológico documentada.
1873
Búsqueda por Frédéric Moreau
Búsqueda por Frédéric Moreau 1873 (≈ 1873)
Encuestas detalladas de estudio y dolmen.
1877-1893
Publicación del Album Caranda*
Publicación del Album Caranda* 1877-1893 (≈ 1885)
Documentación ilustrada de artefactos descubiertos.
1889
Clasificación histórica de monumentos
Clasificación histórica de monumentos 1889 (≈ 1889)
Protección oficial del sitio por el Estado.
Aujourd'hui
Aujourd'hui
Aujourd'hui Aujourd'hui (≈ 2025)
Position de référence.
Principales cifras
Frédéric Moreau - Arqueólogo
Registrado y documentado los dolmen en 1873.
Jules Pilloy - Ilustrador arqueológico
Colaborado con el Album Caranda*.
Gustave Millescamps - Investigador en antropología
Estudió la coexistencia de herramientas.
Origen e historia
El Dolmen de Caranda es un monumento megalítico situado en Cierges, en el departamento de Aisne, en la región de Hauts-de-France. Descubrido por casualidad en 1851, fue objeto de excavaciones arqueológicas realizadas por la Sociedad Histórica y Arqueológica de Château-Thierry en 1872, luego por Frédéric Moreau en 1873. Esta investigación reveló una cámara funeraria rectangular de 3,60 m de largo, atada por orthostats y cubierta de losas. El sitio, después del estudio, fue enterrado, y su ubicación exacta ya no es visible hoy.
Las excavaciones descubrieron tres esqueletos humanos, herramientas de pedernal (llamas, raspadores, dagas), un puñetazo de ciervo y dientes animales (horse y castor). Estos artefactos, parcialmente conservados, fueron documentados en el Album Caranda (1877-1893), ilustrado por Jules Pilloy. Algunas de las colecciones quedaron en museos nacionales, entre ellos el Musée d'Archéologie nationale de Saint-Germain-en-Laye. El dolmen, que fue catalogado como monumento histórico en 1889, da testimonio de las prácticas fúnebres neolíticas en la zona.
Frédéric Moreau, arqueólogo local, desempeñó un papel clave en el estudio del sitio. Sus encuestas describen una estructura orientada al sudoeste/nordeste, con suelo pavimentado y tablas de cubierta desiguales. Las publicaciones posteriores, como Gustave Millescamps (1874), destacaron la importancia del sitio para comprender la coexistencia de herramientas de piedra, bronce y hierro hasta la época merovingiana. Hoy, el dolmen sigue siendo un ejemplo notable del patrimonio megalítico de Aisne, aunque su acceso se pierde.
Proponer una enmienda
Futuro
En 2014, el dolmen ya no es visible. No hay indicios en el sitio de su ubicación o de los numerosos entierros.