Origen e historia
La finca Margarance, situada en Saint-Louis-de-Montferrand en Gironde, es una casa de campo construida en el siglo XVIII, como lo demuestran las fechas grabadas (1762) en algunas dependencias. La casa principal, perpendicular a la Garona, consta de una planta cuadrada y una planta alta, ampliada por dependencias que incluyen una bodega, vivienda y un pozo en un patio central. La arquitectura combina escombros, azulejos huecos y elementos decorativos como patrones, cordones y oculus. Dentro, tres habitaciones por piso, decoradas con paneles y chimeneas, son servidas por una escalera de piedra. Un pabellón de estilo morisco, adornado con colorido barro, y un muelle bordeado por un callejón de árboles planos completan todo, reflejando la influencia de los comerciantes de Burdeos, incluyendo la familia Gradis, dueño de los locales hasta hace poco.
Los viejos planes, como los del Marais (circa 1760) y Belleyme (1762-1783), revelan una organización inicial en tres grupos: la casa y sus dependencias cerca de la carretera, edificios aislados al sur, y dos terraplénes a lo largo del Garona. Aunque parcialmente rediseñados en los siglos XIX y XX, estos desarrollos, incluyendo canales de riego y jardines, ilustran la adaptación de la finca a las actividades de vino y río locales. Los restos de una cuenca alimentada por un pozo artesiano y las sucesivas transformaciones (demolición de un edificio del siglo XVIII, construcción del pabellón morisco en el siglo XX) dan testimonio de su evolución, preservando al mismo tiempo elementos clásicos del siglo XVIII, como la parrilla de hierro o las fachadas de pilastras.
La finca, clasificado Monumento Histórico en 1966 por sus fachadas y techos, encarna el patrimonio arquitectónico y agrícola de la región. Los materiales (meltonas, baldosas huecas) y las instalaciones de agua (canales, válvulas) subrayan su vínculo con la Garona y las prácticas históricas del vino. La persistencia de la propiedad dentro de la familia Gradis, comerciantes burdeos, fortalece su ancla en la historia económica local, entre el comercio fluvial y la explotación de las tierras circundantes.
La casa principal, datada a mediados del siglo XVIII, se distingue por su decoración interior preservada (lambria, chimeneas) y su distribución en una línea, típica de casas burguesas del período. La escalera de piedra derecha, con su rampa de madera girada, y el oculus iluminando el ático, reflejan una preocupación por la elegancia y la funcionalidad. En el exterior, la fachada en un jardín, más trabajada que la calle, destaca pilastras y ventanas de tierra, mientras que la fachada anterior simula bahías para un efecto estético. Estos detalles arquitectónicos, combinados con las dependencias de 1762, confirman una construcción homogénea durante este período, a pesar de los cambios posteriores.
Las dependencias de la finca, aunque parcialmente destruidas o modificadas, revelan estratificación histórica. Algunas estructuras, como el segundo edificio, incorporan elementos del siglo XVII, fuertemente transformados a finales del siglo XIX. El tercer conjunto, que incluye un largo edificio del siglo XVIII ya desaparecido, ilustra las sucesivas adaptaciones de la finca a las necesidades agrícolas y residenciales. La reciente demolición de este edificio y la construcción del pabellón morisco en el siglo XX marcan las últimas evoluciones del sitio, manteniendo trazas de desarrollos originales, como los canales o callejones del abalón centenario que conducen al muelle.
La clasificación de la finca en 1966 protegió sus fachadas y techos, destacando su valor patrimonial. Los elementos preservados, como la cuadrícula de hierro, los pilares planos de pilastra, o las fichas del pabellón morisco, ofrecen una visión general de las diversas influencias estilísticas, desde el clásicoismo burdeos hasta el exotismo del siglo XX. El conjunto, aunque marcado por pérdidas (habitación del jardín, partes de las dependencias), sigue siendo un testimonio raro de la arquitectura rural y burguesa de la región, vinculada a la historia de las familias mercantes como el Gradis, los principales actores del comercio de Burdeos en los siglos XVIII y XIX.