Construcción del castillo 1855 (≈ 1855)
Construido por el arquitecto Lubac en estilo renacentista.
1874
Modelo de granja
Modelo de granja 1874 (≈ 1874)
Ampliación de la finca con una granja.
17 décembre 1990
Monumento Histórico
Monumento Histórico 17 décembre 1990 (≈ 1990)
Protección del castillo, fuente y puerta.
Aujourd'hui
Aujourd'hui
Aujourd'hui Aujourd'hui (≈ 2025)
Position de référence.
Patrimonio clasificado
Castillo; fuente al este del castillo; portal de entrada (cad. AX 65, 101, 17): registro por orden del 17 de diciembre de 1990
Principales cifras
Lubac - Arquitecto
Fabricante del castillo en 1855.
Lachaise - Pintores
Autores de techos pintados de interiores.
Origen e historia
El Château de Mariéville, situado en Bonneuil-Matours, Nueva Aquitania, es un monumento histórico representativo del Segundo Imperio. Construido en 1855 por el arquitecto Lubac, encarna el eclecticismo arquitectónico de este periodo, combinando influencias renacentistas con elementos decorativos suntuosos. El edificio, rectangular, está flanqueado por cuatro torretas de esquina y adornado con una rica escultura exterior (rins, máscaras, animales). En su interior, los techos pintados de las salas de recepción, hechos por pintores Lachaise, dan testimonio de la fascinación del tiempo.
En 1874 se añadió una granja modelo a la finca, reflejando el interés del siglo XIX por la aristocracia en la agricultura moderna. El castillo, construido en tuffeau, se distingue por su puerta de entrada y fuente, protegida desde 1990. Las decoraciones exteriores, concentradas en la fachada occidental, y los motivos interiores (cabezas, palmas, conchas) ilustran el gusto por la ornamentación bajo Napoleón III. Hoy, el sitio está abierto al público, ofreciendo una visión general del arte burgués de vivir a mediados del siglo XIX.
El Château de Mariéville, catalogado como Monumento Histórico en 1990, conserva elementos notables como su portal y fuente. Su arquitectura, tanto funcional como ostentosa, refleja las ambiciones de una élite rural preocupada por la modernidad y el prestigio. Las visitas permiten admirar los techos pintados y las esculturas, testigos del conocimiento artesanal del tiempo. La finca, siempre mantenida, sigue siendo un ejemplo conservado del legado del Segundo Imperio en la región Poitou-Charentes.